Nov 25, 2016

El gran desafío de Ecuador y su mercado laboral

Este año se ha caracterizado por la certidumbre de la incertidumbre económica. El gobierno y otros actores relevantes han concentrado esfuerzos en identificar la extensión de la contracción economía, la pérdida de empleo y producción y ahora de los patrones de recuperación.

Los indicadores señalan hacia una contracción económica que tiene ramificaciones hasta el mercado laboral. En términos macro, la contracción de la demanda interna, que a junio alcanzaba -7,4%, pone presión en las ventas y produce una desaceleración de la inflación a medida que los inventarios se acumulan: la inflación a octubre fue 1,3% mientras que en promedio de los últimos años estuvo en 3,8%.

Figura No. 1:  Evolución de producción, demanda interna y precios

Fuente: Índice de Precios del Consumidor Instituto Nacional de Estadísticas y Censos y Cifras de Cuentas Nacional Trimestrales del Banco Central del Ecuador.

La desaceleración de la inflación y su relación con los salarios nominales implica que los salarios reales se incrementan, restando competitividad al sector empresarial-productivo. La interacción entre estas variables deteriora las condiciones de empleabilidad en la medida que se expulsan trabajadores del sector formal.

Ello se evidencia en las cifras de empleo. Hasta septiembre 2016 el empleo adecuado como proporción de la población económicamente activa se ha reducido de 47% a 39%, i.e. 333 mil trabajadores menos; y de igual forma las cifras de afiliados a la seguridad social ha disminuido en 163 mil trabajadores entre agosto 2015 y junio 2016.

Figura No. 2: Evolucion tasa de desempleo y empleo inadecuado

Fuente: Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo-ENEMDU. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Asimismo, a septiembre 2016 el ingreso real de los asalariados urbanos se ha contraído en 7,5% mientras que para el sector rural la caída ha sido de 6,2%. Pese a que el impacto en el salario rural es menor, es importante considerar que las estructuras laborales de las ambas áreas son bastante diferentes. La tasa de empleo inadecuado a nivel urbano es alta, 45% a septiembre, pero en el área rural llega a un inquietante 75%.

Pese a que el deterioro laboral es previsible en un entorno económico negativo, la profundidad y velocidad con la que ha ocurrido es síntoma de un problema mayor: En Ecuador, desde hace ya muchos años, el crecimiento de productividad de nuestros trabajadores no guarda relación con los incrementos salarios reales impulsados desde el Gobierno

Durante los años de expansión económica, la productividad y el salario real se divorciaron y caminaron de manera separada. La productividad, huérfana de quien la impulse, creció a una tasa promedio de 1,1% y 2,4% anual mientras que el salario real creció a una tasa de 4,8% anual de mano de la política salarial impulsada por el Gobierno. En términos acumulados el salario minimo real se incrementó en 48,5% mientras que distintas medidas de productividad crecieron en 9,9% y 22,4%.

Figura No. 3: Crecimiento productividad vs salario real
Nota: Cifras de productividad por perceptores de ingreso corresponde a ratio de PIB real para población cuyos ingresos son positivos y por horas trabajadas corresponde ratio de PIB real para suma de horas de trabajo principal, secundario y otro trabajo de la PEA. Fuente: Índice de Precios del Consumidor Instituto Nacional de Estadísticas y Censos y Cifras de Cuentas Nacionales Trimestrales del Banco Central del Ecuador.

Es justamente este divorcio el que ha generado condiciones laborales tan precarias donde el 55% de la población a nivel nacional tiene un empleo inadecuado y donde el desempleado promedio del área rural lleva más de 3,5 meses en buscando trabajo mientras que el desempleado promedio urbano alcanza un perturbador 4,5 meses sin trabajo.

La productividad no lo es todo, pero en el largo plazo es casi todo.
Paul Krugman

El desafío para el periodo los años venideros, que debería estar en la agenda de los candidatos de elección popular, es crear un entorno educativo y tecnológico donde la productividad del trabajador pueda crecer. Estos entornos se crean de manera específica: i) atrayendo inversión productiva que tenga mejores prácticas manufactureras, ii) introduciendo tecnológicas en procesamiento agropecuario, iii) creando parques de innovación e investigación; y, a nivel más general fomentando la educación desde los niveles educativos primario y secundario, sin descuidar la formación superior no universitaria. En esta tarea tanto la participación privada como pública son necesarias e igual de importantes.


De ello se desprende que una política laboral centrada en políticas salariales y de seguridad laboral puede resultar incompleta en el mejor de los casos y desacertada en el peor si no tiene como contrapartida políticas de productividad.

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