Mar 21, 2010

Una visión equivocada: el sector privado

Históricamente la importancia de los roles del gobierno dentro del funcionamiento de la economía ha sido debatida desde las diferentes corrientes de pensamiento económico. Y a pesar que existe ya un consenso teórico universal sobre los roles del gobierno, la tendencia actual de varios países y gobiernos alrededor del mundo, hacen que el debate tome fuerza nuevamente.

Las modelos económicos más extremos tanto laissez-faire como el comunismo demostraron en su momento su incapacidad de generar crecimiento económico sostenible en el tiempo. Ambas posiciones de una u otra forma atropella y contraviene las funciones de un gobierno eficiente; las funciones a saber:

  1. La asignación y distribución optima de factores y recursos
  2. La regulación de los mercados
  3. La estabilización de la economía
  4. Y la coordinación entre las 3 funciones anteriores

Entonces un gobierno comunista es por su propia naturaleza incapaz de asignar eficientemente recursos, asimismo, un gobierno laissez-faire que no regula los mercado se hallara pronto en una situación de caos económico. Es por estas razones que resulta importante identificar un nivel optimo de involucramiento del gobierno dentro de la actividad privada y la regulación de los mercados.

Ciertamente el sector privado es el mayor generador de plazas de trabajo y bienestar dentro de un país, esto sucede porque generalmente las decenas de miles de empresas dentro un país supera considerablemente en números a los puestos de trabajo dentro del gobierno o de las empresas estatales; y porque estas decenas de miles de empresas se mueven por incentivos económicos reales, mientras que un planificador central solo puede aspirar a entender la complejidad de las relaciones  de los diferentes agentes económicos.

¿Pero qué ocurre cuando un gobierno se atribuye fuciones que no le corresponden? Y peor aun, ¿Qué ocurre cuando su accionar busca minar el protagonismo económico del sector privado?

La soberbia de un gobierno podrá ser tal que intentara controlar sectores suficientemente grandes y estratégicos que le permitan influir sustancialmente en los demás sectores. Esta situación no es ajena a nuestro país ni a nuestra region: nuestro gobierno controla muchas industrias estratégicas; seguros de vehículos, cementeras, mineras, petroleras, telecomunicaciones, finanzas familiares y medios de comunicación.



Evidentemente esto tiene repercusiones importantes dentro del presupuesto estatal y consecuentemente las formas de financiamiento. Dentro las fuentes de financiamiento para el ecuador, el gasto corriente se cubre con ingresos corrientes, i.e. impuestos, sin embargo el concepto mismo de contribuyente se vuelve difuso cuando las empresas a quienes vas a recaudar son parte del estado.

Esto representanta un desafío considerable, para el caso de Ecuador el PIB generado por el gobierno cubre entre 20 y 25% del total; un gobierno con estas características difícilmente  puede emular suficiente actividad económica para suplir la necesidad de un sector privado.

Vale la pena hacer una aclaración que es importante, no es el tamaño del estado, ni su gasto nominal lo que influye negativamente en el sector privado, sino el no-reconocimiento de la simbiosis económica que debe existir entre ambos sectores para el beneficio de la sociedad.

Ahora, soy de la opinión que este no-reconocimiento de la importancia del sector privado por parte del gobierno obedece una situación muy singular y brevemente esbozada en párrafos anteriores: el financiamiento estatal.

El Ecuador vivió una época de bonanza petrolera sustancial y actualmente el precio del petróleo se halla alto y estable, sumado a varias sorprendentes maniobras en el manejo de la deuda externa, varios prestamos de países convenientemente amigos y algunos cuantiosos prestamos de diversos organismos internacionales, no es exagerado afirmar que el gobierno ha tenido suficiente dinero para suplir la necesidad de la inversión privada.

Sin embargo, la postura del gobierno sobre el sector privado y la inversión privada cambiaran drásticamente únicamente cuando el gasto estatal corriente incurrido por el tamaño que adquirió en sus épocas de bonanza sea tal, que incluso su sostenibilidad en el corto plazo se ve comprometida y la opción más prudente, para evitar una catástrofe mayor, será aceptar que su visión del sector privado estuvo equivocada desde un principio.

2 comments:

cesar aviles said...

Creo que el sector privado genera más plazas de trabajo porque es en extensión mas grande que el público, creo que esta extensión a la alza también se da en el sector publico actualmente con la desarticulación del estado y el aumento de la burocracia, y es verdad lo que dices cuando te refieres a la emulación del sector privado, pero hay algunas industrias como las telecomunicaciones que se constituyen en un monopolio natural y el estado las tiene que asumir, y es justamente en esta etapa en donde se puede diferencia a un estado planificador de uno que no es, justamente la respuesta la encuentro en lo que dices, cuando un gobierno toma atribuciones que no le corresponde.
Creo que este es uno de los problemas que tiene el gobierno, definir su campo de acción, pues escuchando las declaraciones del presidente en una de sus cadenas, puedo ver que recién se da cuenta que la subvención a la educación superior tiene fallas (toda subvención tiene fallas si no se sabe distribuir y esto va incluido en el campo de acción de un gobierno, distribuir correctamente los recursos). También es interesante verlo reflexionar en público sobre el gasto real y las repercusiones en el gasto nominal (cuanto tenemos que sacrificar del gasto real para invertirlo en sectores más estratégicos como ciencia y tecnología etc.)
Oye salcedo es interesante que tengas un blog de opinión así ahh

Juan Jose Salcedo said...

No lo había pensado así... pero evidentemente muchos de los problemas en la planificación estatal son productos de un campo de acción muy amplio.

Y estoy seguro que quien definió los campos de acción del gobierno pensaba más en la popularidad del presidente que en algún sustento técnico.